Serie I. Cap. II – El Taxi

TaxiEl taxi se detuvo y el joven subió a la parte trasera del taxi dando las buenas noches al conductor, seguido del nombre de uno de los mejores hoteles de la ciudad.

El joven que no pasaría de los 27 años vestía descuidadamente ropa formal y cargaba consigo un maletín que seguramente contenía un computador portátil.

El taxista emprendió la marcha al hotel que no estaría a mas de 5 minutos de distancia, a las 3 de la mañana realmente el trafico es muy poco y los testigos también.

El joven se recostó cansadamente en el asiento sin conocer las intenciones del taxista que aminoró la velocidad para darle tiempo al Joven para dormirse, lo cual el joven poco a poco fue consiguiendo, seguramente había tenido una noche muy ocupada pensó el taxista y efectivamente así era.

El taxista tomo una intersección que rodeaba al hotel y se alejaba de el sin oportunidad de verlo, si el joven despertaba le podría decir que aun no había llegado.

Diez minutos mas tarde una sacudida salvaje sacó al joven de su sutil sueño. Al abrir los ojos se descubrió dentro del taxi estacionado en un oscuro callejón y con una silueta que lo miraba fijamente desde afuera de la puerta abierta del taxi y que le ordenaba que saliera. El joven simplemente se acomodo en el asiento y procedió a cumplir con la orden. El taxista mientras tanto se alejo de la puerta para dar espacio a que el pasajero bajase, mientras observaba ávidamente el maletín que yacía en el otro lado del asiento trasero, se percató que el joven se había olvidado de tomarlo al bajarse, era mejor así.

El joven salio de una manera perezosa no mostrando casi temor alguno a pesar de que una Magnun .357 apuntaba alternativamente a su pecho y a su rostro y seguía cada movimiento de su cuerpo.

El taxista ordenó al joven entregarle la cartera y todo lo de valor que tuviera. El joven se conformó con verlo fijamente a los ojos. El taxista palideció por un momento al sentir que el joven no tenía miedo alguno, pero recuperó el valor al recordar que no era el primer valiente con el que se encontraba, pero todos con una arma apuntando a su cabeza mientras están de rodillas dejaban la valentía a un lado.

Le repitió la orden ahora con mas fuerza al joven quien se limitó a seguir viéndolo y pasados unos segundos empezó a meter su mano izquierda en el bolsillo trasero izquierdo para sacar su cartera. Lo hizo todo con mucha calma.

El joven sacó su cartera y la sostuvo en su mano izquierda apenas un poco fuera del alcance del taxista, quien al verla intentó alcanzarla de un zarpazo. Para el joven eso fue suficiente.

Solo le tomo al taxista una centésima de segundo darse cuenta que había cometido un error, en ese pequeño lapso de tiempo vio brillar los ojos del joven con un rojo encendido y demoníaco, vio como el joven movía a una velocidad sorprendente su mano derecha en dirección a la suya antes de tomar la cartera. Intento retroceder pero fue tarde. EL joven lo había tocado.

El dolor que sintió fue apenas comparable con la sensación de horror que se apoderó de él. Su mano se estremeció violentamente mientras un hormigueo recorrió su brazo y alcanzo su cerebro que como por arte de magia dejo de controlar su cuerpo, de hecho ni siquiera le dio tiempo de presionar el gatillo del arma amartillada. Con eso habría bastado para acabar con el joven.

Intentó ver su mano esperando ver la sangre fluyendo de su muñeca atrapada pero no vio nada, de hecho la mano del joven había sido retirada ya, dejando una marca roja como sus ojos en su muñeca la cual fue desapareciendo lentamente, pero no como si se borrará… mas bien como si se absorbiera.

El joven sonreía. Y era una sonrisa tan macabra y malévola que el taxista pensó en gritar y fue lo único que pudo hacer, pensarlo. Ya no era dueño de su cuerpo, el cual no respondía a ninguno de sus deseos. Lo único que sentía ahora que le pertenecía eran sus ojos que se movían violentamente en busca de una inútil solución y esquivando el rostro del joven que a cada segundo se volvía más macabro y salvaje.

El joven se acercó y lo obligo a verlo, para lo que no tuvo que ponerle un dedo encima. El taxista se sintió como una marioneta.

El joven miró durante unos segundos a los ojos del taxista quien en vano intentó cerrar los parpados mientras que una sensación de falsa paz lo invadía y una tranquilidad que nunca había sentido se apoderaba de él. Ya no le importaba no poder moverse y no sentir nada. Le gustaba esa sensación, le fascinaba. De improviso volvió a la realidad y a aquellos ojos lo miraban aun fijamente. Mientras pronunciaba dos frías palabras: “Me servirás”. El taxista nunca supo si fue una pregunta o una afirmación pero respondió con un monosílabo que el jamás pensó. “Si”.

2 Comments »

  1. Mareascella said

    La mejor de las Historias, ese final me encanta. Tenes una gran habilidad para escribir, sigue, talvez no te vuelvas rico pero tendrias historias q contarles a tus hijos!! TQM

  2. mareascella said

    Sabes q esta historia me encanta, representa una de las muchas cosas q me gustaron de ti. Ah , esos años, tan divertidos, tan cerca y tan distantes. Te amo Panzoncito, amigo de mi alma, aun estoy esperando q termines esta historia, para perderme en ella. 🙂

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