Serie III. Cap. I – A Casa

La noche estaba muy oscura, a la luna se le había hecho imposible mostrar su luz por las nubes que la ocultaban y el viento era insoportablemente fuerte, áspero y acido. Miguel cruzaba la calle después de bajarse del autobús que lo traía a casa cada noche desde hace 6 meses, después de trabajar 8 horas en el taller mecánico. El frió le calaba los huesos, era noviembre y el viento no dejaba un minuto sin soplar y el clima típico de esa época, helado, penetrante y espectacularmente delicioso para el gusto de miguel. El frió le encantaba.

 

Era temprano y no tenía nada que hacer, no tenia nada que cenar y nada que ver en la televisión excepto esos estúpidos “reality shows” que se habían puesto tan de moda y que era lo único que podía ver a esa hora. No tenía televisión por cable. Así que decidió dar una vuelta y de paso buscar un lugar para cenar. Vivía solo.

 

Caminó alrededor de unas 5 cuadras en donde encontró muchos lugares que le traían recuerdos de su infancia y juventud. La tienda donde compraba sus helados favoritos, el parque donde se cayó y golpeó la cabeza y la casa de su amigo Jaime, vaya momentos que había pasado allí, ese era su escondite favorito pues siempre tenia un lugar disponible para pasar un “momento agradable” con cualquier chica que lograra conquistar. Él era su amigo, lastima que dejó de verlo hace tanto por haberse mudado.

 

«Donde estará» — pensó Miguel distraídamente.

 

Las fachadas de las casas se deslizaron una tras otra y si le dedicara un tiempo estaba seguro que recordaría una historia sobre cada una de ellas. A pesar de la hora saludaba de vez en cuando a algún rostro que le pareciera familiar sin mucho afán desde luego, nunca había sido tan amistoso, su naturaleza no era así. Sus últimos 7 años de camino no le habían dado muy buenos recuerdos que digamos.

 

–Adios…. Que milagro…. Cuidese. — respondía Miguel a quien le saludaba — ¿Como ha estado? Me alegro. — Se sentía hipócrita.

 

«Que mas da, Ojos que no ven corazón que no siente… ellos se la creen»

 

Terminó pasando 2 horas conversando con una vieja amiga en un comedor muy humilde pero muy limpio y lo mejor de todos es que encontró alguien con quien conversar. Era Melissa. Una muy agraciada ex-compañera de él en la escuela primaria.

 

«No se como me acuerdo, fue hace mucho»

 

La conversación fue amena y como suele suceder en los casos de reencuentro -hacia 5 años que no la veía, estaba en el extranjero– se dedicaron prácticamente a recordar viejos tiempos y hasta, con el afán de conquistarla, terminó diciéndole que en ese entonces él la encontraba muy linda….

 

«Aunque aun estas muy buena»

 

… y que hasta pensaba estaba enamorado de ella. Ella sonrió y cambió el tema.

 

— Eres un mentiroso, ya me han contado como eres. – había respondido a la insinuación.

 

«Rayos… se la adivinó»

 

— Puras mentiras, si yo soy un santo. – le decía mientras dibujaba una sonrisa de culpabilidad en el rostro. Nadie que estuviera atento a su rostro le creería eso.

 

Se despidió -con un beso en la mejilla-…

 

«Ja… ten por seguro que me tendrás aquí de nuevo… a que caes»

 

… y se dirigió a casa. Estaba un poco lejos -kilómetro y medio mas o menos- pero tenía todo el tiempo del mundo… aunque…

 

«¡Ya son las 10!. Tengo que madrugar mañana»

 

Se apresuró, no le convenía andar a esas horas por la calle, esa idea se la había metido en la cabeza sus padres. Toda la vida le había dicho que andar en la calle de noche era muy peligroso y en más de una ocasión le había tocado pagar las consecuencias por su desobediencia. Así se aprendía en la casa Soto. Sus padres habían muerto hace 3 años. Fue un accidente de autos… horrible. Le habían llamado al día siguiente y estaba solo en casa como siempre. Sus dos hermanos mayores hace tiempo habían dejado el nido. Carlos hace 8 y Nelson hace 5. Sus padres habían salido a cenar y por culpa de la lluvia cuando regresaban había terminado en el fondo de un río, después de caer de un puente, nadie lo noto hasta la madrugada siguiente y ya era muy tarde. El auto quedo hecho añicos, aun cuando los hubiesen encontrado antes habría sido en vano. Miguel estuvo muy tranquilo todo el tiempo, no así sus hermanos, hasta dos semanas después cuando no dejo de llorar todas las noches por tres semanas. Fue duro.

 

Siempre recordaba todos los consejos de su padre mientras caminaba de noche. “La noche tiene peligros especiales, no ande de noche buscando lo que no se la ha perdido”.

 

«Ahh mi papá, lo extraño»

 

Ya había avanzado un tercio del camino y las luces empezaban a escasear de aquí en adelante el camino era oscuro, aunque lo había recorrido mil veces desde las 9 de la noche hasta las 4 de la madrugada y nunca había pasado nada… al menos no en esta calle, pero esta noche era diferente.

 

Cuando había dejado atrás unos 200 metros la ultima luz, escuchó al alguien toser atrás suyo unos 10 metros quizás… quizás menos y tuvo la sensación que reía. Le llamó la atención pues no se había percatado desde que momento esta persona estaba detrás de él, especialmente porque siempre estaba muy atento cuando caminaba de noche, era valiente pero no descuidado. Puso atención unos segundos y después lo dejo para pensar en otras cosas, lo cual tampoco duro mucho pues se dedico a su pasatiempo favorita en las noches de camino a casa: buscar estrellas. En un lugar sin luces artificiales las estrellas se ven maravillosas y eso le encantaba.

 

«Condenadas nubes. No me dejan ver nada»

 

Y estaba mas oscuro aun, prácticamente no podía verse ni siquiera sus pies y el frío se había vuelto mas sólido y chillante, el viento daba en la cara y cortaba los labios como cuchillos afilados y por mas que los relamiera peor se ponía.

 

Y los pasos se escucharon esta vez muy cerca. Definitivamente alguien estaba detrás y se estaba acercando y eso era realmente extraño. Miguel con su 1.82 de estatura caminaba muy rápido, especialmente de noche y aun así alguien se había acercado lo suficiente para escuchar sus pasos en el pavimento nuevo.

 

«Hmmm esto no me gusta… metamos tercera… zum…. y ahora cuarta»

 

Y caminó mas rápido y por un segundo creyó haber sacado ventaja nuevamente, solo para darse cuenta que ahora estaba mas cerca.

 

<<Que demo….>>

 

Se detuvo y se dio vuelta -cosa que nunca hacia- y un par de segundos después descubrió algo inesperado.

 

Un joven salió de las sombras y casi choca con él al acercarse.

— Hola — dijo el joven, aunque Miguel no logro ver muy bien su cara, lo reconoció. Estaba en el comedor mientras cenaba.

— Hola. –respondió Miguel asombrado.

–¿Melissa? –Dijo con una voz asombrada, mientras una figura obviamente femenina aparecía tras el joven — ¿Que estas haciendo aquí?

— Tenía que devolverte tu cartera. — aun con la oscuridad logró ver una sonrisa de triunfo y caridad. — La dejaste olvidada y como dijiste que saldrías mañana muy temprano decidí seguirte y traértela.

— No era necesario. No tengo nada importante allí — mintió Miguel.

 

«Alli tengo todo mi dinero, como serás de baboso»

 

— Pues yo creí que si y aquí la tienes –decía mientras le tendía la mano con la cartera en ella — Misión cumplida. –dijo con un sonido que denotaba que sonreía mientras lo decía porque la oscuridad esta vez no dejo ver nada.

 

— Pero ¿por que vienes sin luz ni nada y por que no me llamaste cuando venias tan cerca? — preguntó Miguel ya con la calma reinstaurada.

–Bueno no traje lámpara porque no al encontré y si la seguía buscando ya no te alcanzo y no se donde vives, así que me traje a mi hermanito para que me cuidara… — decía ella mientras Miguel miraba al joven.

 

«Hermanito?? Parece mas bien guardaespaldas de narcotraficante… casi me mata del susto»

 

— … y no te llamé porque no estaba segura de que fueras tú, al entrar a esta calle prácticamente te perdimos de vista y la verdad nos dio miedo… bueno a mi. — dijo como disculpándose con su hermano por incluirlo.

 

«Ja.. culero. Tan grande y tan maricón>>

 

Por breves instantes deseó que ella hubiera venido sola, así podría haberla invitado a su casa, quien sabe, talvez hasta hubiera conseguido algo mas que un beso en la mejilla. Talvez una noche loca. Talvez nada.

 

–Bien, gracias entonces. Estas no son horas para que se paseen por la calle. –dijo después de unos segundos a manera de disculpa y echándolos a la vez.

–Ok Te veo después, cuídate. — se despidió Melissa.

 

« ¿Te veo después?… Hmmm me suena a que quiere volver a verme…. ya cayó! »

 

–Adiós — dijo su hermano con una voz menos intimidante que su apariencia, que esta vez también parecía menos impresionante.

 

Esperó a que se perdiera de vista por completo — aunque por lo cerrado de la noche no fueron mas de 10 segundos– y creyó escuchar la voz de Melissa que decía algo y la de su hermano que respondía…

 

— … mi no. – y la voz de Melissa que decía algo mas que él entendió como “oso”.

 

… y siguió su camino.

 

« Todavía nubes… ¿cuando se irán? »

 

El viento sopló mas fuerte esta vez y las hojas susurraron y las ramas se sacudieron dejando caer unas cuantas de sus temporales huéspedes justo enfrente de él, no las vio pero lo supo cuando atrapo una de aquellas hojas, cuando…

 

“tap…tap….tap….tap….tap….”

 

Pasos otra vez. Creyó que era el eco de los suyos y cambió de ritmo de sus pasos con un movimiento un poco cómico que había aprendido de un amigo, que nunca se atrevería a hacer de día porque no dejaba de ser un poco vergonzoso… muy infantil, dedicó sus oídos a escuchar tras el y casi dibujó una sonrisa al no descubrir el sonido pero nunca lo consiguió, los pasos seguían allí.

 

« Y ahora que se les olvidó darme »

 

No volteó esta vez. No era el momento de estar esperando a nadie, si algo mas había olvidado sentía que era estúpido que no se lo hubieran dado de una vez, esta vez los haría caminar hasta su casa y por que no echar andar su imaginación… otra vez.

 

« Si es ella que viene tras de mi será mejor que conozca mi casa… para ahorrar tiempo »

 

Se distrajo por un momento observando la única luz que se encontraba en su camino antes de llegar a su casa y la idea de la desquitarse por el pequeño susto que le habían dado nació.

 

« Ahora les toca a ellos… »

 

Aceleró su paso para sacar ventaja y justo al pasar la luz se escondería al lado de la calle y con la oscuridad de la noche y el estar alucinado por la repentina luz seguro sería el mejor escondite. Y así lo hizo. Se aseguró de que los pasos seguían allí y llevo a cabo su plan. Seguro vería quien era y de paso se desquitaría con alguien.

 

//Jueves, 01 de Enero de 2004//09:15 p.m.//

 

Pero ese alguien nunca llegó. Los pasos se escucharon muy claramente durante unos segundos mas y se detuvieron. Un escalofrío recorrió la espalda de Miguel. ¿Lo habían visto? ¿Por qué se detuvieron? ¿Eran las mimas personas que antes? La respuesta surgió tan casualmente como saludar a tu compañero de trabajo que no es tu amigo… y una certeza sólida como acero.

 

« No »

 

Su cuerpo se puso helado, no era la primera vez que sentía ese frío en su interior, ese deseo de su cuerpo de temblar descontroladamente. El miedo a veces puede ser un terremoto para el cuerpo, un cataclismo que pone fuera de línea tu mente. A la mente de Miguel solo vinieron imágenes de terror de cuando era niño, de la ocasión en que estaban en el velatorio de su abuela mas querida: Mama Carmen; Era octubre y era la primera vez que el estaba en un funeral y no pasaría de los 5 años, y al recordarlo a Miguel le parecía extraño que todos sus recuerdos anteriores a ese momento, eran solamente historias que su familia le habían contado sobre él, que parecía escenas de una película o de la vida de alguien mas, realmente no recordaba nada excepto ese día o mas bien esa noche. Pero este recuerdo era real, recordaba que su casa y la de su abuela no estarían a mas de 100 metros de distancia, pero a él le parecía muchísimo mas aun con la energía que de pequeño afloraba por su cuerpo, siempre corriendo descalzo de un lado para otro sin cansancio alguno, pero esa noche la distancia había sido aterradora. Entre ambas casas solo había una pequeña vereda que las unía a través de árboles grandes y chicos, unos hermosos naranjeros de muy verde frondoso follaje cuyas naranjas eran deliciosas, excepcionalmente jugosas decía su padre; mandarinas, cafetos, bananos y una que otra mala hierba que no faltaba. Sabía que su abuela esta enferma pero su edad no era la suficiente para entender realmente a lo que ella se enfrentaba y aun después de su muerte no sintió realmente pena alguna, a fin de cuentas a penas la recordaba. Los vientos de octubre, que ahora 23 años después se presentaban casi en diciembre, soplaban muy fuertes y los árboles emitían sonidos capaces de hacer temblar al chiquillo mas valiente, sus hermanos ya mayores ayudaban en las tareas del velatorio, servir café, dar pan y recibir pésames, él nunca estuvo cerca de esos asuntos, si se acercaba sus padres lo mandaban de regreso a casa a dormir o lo distraían dándole un pan o azúcar, pero nunca lo dejaron ver el cuerpo.

Al fin habían llegado las 10 de la noche y estaba cansado, no sabía por que pero estaba cansado y le jaló la falda a su madre.

 

— Mamaíta, tengo sueño – dijo con una voz mas dormida que despierta.

— Ahh mijito váyase a acostar, ahí esta su tía en la casa — respondió sin siquiera mirarlo hasta haberlo dicho y ver su cara.

— Vaya a dejarme — pidió el chiquillo con la misma somnolencia de antes.

— Ahh no estoy ocupada ¿Que no ve? Váyase. — dijo ya con voz diferente, obviamente sus nervios no estaban para soportar al último hijo.

— Está oscuro. — machacó el niño y esta vez la voz volvió del reino de Morfeo, el miedo es muy bueno para olvidarse del sueño.

— ¡Vaya a acostarse! ¡Deje de molestar! ¿Ya está grandecito no? ¿Qué no es hombrecito? — Gritó su madre esta vez estaba molesta.

 

Miguel pensó en pedir que le dijera a uno de sus hermanos que lo fuera dejar pero ese ultimo gritó le caló hondo y ya no quiso decir mas. Así que empezó a caminar con mucho miedo pero caminó.

Las luces exteriores estaban encendidas y le durarían unos 20 metros, eso si tenía suerte, serían por lo menos 70 metros de oscuridad y luego su casa. Al principio le sorprendió el hecho que por el enojo que le causó la respuesta de su madre, y el golpe a su hombría (a esa edad ya le habían dicho demasiadas veces que era hombrecito, que los hombres no lloran y no tienen miedo y la mayor mentira de todas: Que no necesitan a las mujeres), le habían hecho olvidarse de su miedo inicial, al fin de cuentas aun podía ver la luz de la casa de su abuela atrás y no muy lejos (se consolaba) la de su casa. Cuando los árboles a su alrededor empezaron a cubrir la poca luz de atrás sintió el escalofrió horrible que lo hizo temblar, su corazón se agita de una manera tal, que le faltó el aire por unos segundos, sentía las piernas pesadas, la sangré seguramente se le había congelado y el cuerpo completo le temblaba, sentía que de un momento a otro una bestia enorme y hambrienta saltaría de un lado mientras que del otro lo haría un monstruo del cuál ni siquiera se imaginaba la forma, sentía miles de ojos observándole y un fantasma siguiéndole, todo a lo que le podría tener miedo se lo imaginó en ese momento. Estaba aterrorizado.

Pensó en correr despavorido y dejar atrás todos esos seres, pero sus piernas no respondían, seguía dando los pasos rítmicamente pero nunca podría correr, cerraba los ojos y hasta parecía aliviar el miedo así, pero de todos modos lo atacarían, ¿Qué caso tendría entonces cerrar los ojos? Ideas de niños…. y de adultos.

Cada paso lo acercaba a su destino pero parecía muy lento y entonces las palabras de su madre le volvieron a la cabeza “¿Qué no es hombrecito?” y si bien no le quitaron el miedo, los distrajeron cuando empezó a decir para si “Soy hombre y no tengo miedo” una y otra vez mientras cerraba los ojos y los abría esporádicamente para ver donde pisaba y en lo que le pareció muy poco tiempo estaba en casa. Nada pasó.

 

« Los fantasmas no existen… hay que tenerle miedo a los vivos no a los muertos »

 

Miguel no se movía de su escondite, esperaba ver aparecer unas figuras de entre las sombras, pero nada aparecía. Lo helado de su cuerpo se agudizó y todas sus articulaciones estaban congeladas, si una hoja lo hubiera tocado en ese momento seguramente habría gritado como un loco.

 

« ¿Por qué tengo tanto miedo? »

 

No recordaba haber actuado así nunca. Jamás se detenía a ver quien estaba atrás de él, solo caminaba mas tranquilo aunque mas rápido, pero nunca volvía a ver. ¿Por que lo había hecho esta vez? Él era medio supersticioso, y rutinario, se ponía siempre el mismo calcetín primero y ¡Nunca antes que el pantalón!, se amarraba siempre igual los zapatos y tenía todo perfectamente bien calculado. Media hora para prepararse para salir, si tenía tiempo, y si estaba apresurado 15 minutos máximo y lo menos 7. Si alguna de esas reglas imaginarias se rompía -especialmente el orden de vestirse- estaba seguro que una desgracia sucedería.

Pero este día se había vestido de la manera correcta.

 

« Mejor me muevo, esto ya no me gusta »

 

Como pudo, hizo reaccionar sus piernas y vaya que le resultó difícil, pero lo consiguió. Solo habían pasado unos segundos desde que se detuvo pero tuvo la certeza de que algo no estaba bien. Era como si de alguna parte una energía negativa (o positiva) le advirtiera que estaba en peligro. Y el la escuchó. Con calma salió de su escondite y se encaminó hacia la calle, alejándose de la luz lo mas posible, y empezó a caminar procurando hacer el menor ruido posible…

 

« Por las dudas »

 

… y caminando lo mas rápido posible, poniendo mucha atención a los sonidos tras él y espiando sobre su hombro si alguien pasaba a través de la luz, mas nada ocurría esta vez, ni pasos ni personas. A unos 50 metros ya no tendría a la vista la luz pues la calle doblada hacia la izquierda a solo unos metros de su casa, se consolaba él.

 

« Seguramente era alguien que iba hacia la otra colonia y se ha equivocado de calle… seguramente era un ebrio »

 

Cuando no eran mas que unos 20 o 30 pasos que lo separaban de la entrada a su casa y ya estaba mas tranquilo inventando mil explicaciones distintas, escuchó nuevamente el típico sonido de los pasos anteriores, pero esta vez parecían correr tras él, su piel se erizo como gallina desplumada y sin pensarlo siquiera, despertando el instinto de supervivencia, echo a correr tan despavorido que parecía volar.

 

« Gracias a Dios que deje el encendido automático de las luces activado »

 

Mientras devoraba los metros sacaba las llaves de su bolsillo y llego a la entrada, eran 15 metros en una entrada de 35° de inclinación y la mitad estaba el portón que había colocado hacía mas o menos tres meses -“Por seguridad” según se había convencido a si mismo-, Subió hasta el portón y lo mas rápido que pudo jaló del pasador, tiró de la pequeña puerta para una persona, en donde apenas cabía por su altura, y la cerró tras él lo mejor que pudo para la prisa que llevaba. Podía oír perfectamente el sonido que se acercaba, en dos segundos estaría a la vista y podría ver quien era pero no pensó siquiera en esperar, emprendió de nuevo su carrera de vida, como la llamaría después, y llegó al patio de su casa e inmediatamente a la puerta. La llave ya estaba en su mano, todo su cuerpo temblaba de manera horrible y hasta le costaba respirar, no sabía si era por el miedo o por el cansancio -el sabía que tenía una pésima condición física- y apenas podía sostener la llave.

 

En el momento justo en que la llave se introducía en la cerradura, escuchó el golpe de algo (y realmente pensó en algo y no en alguien) que se estrellaba contra el portón con mucha furia y un segundo después como abría la puerta pequeña, tan rápido como su cuerpo respondió (y hay que ver que también el miedo da mucha agilidad), le dio la vuelta a la llave y entró dando un portazo tras él, estiró la mano hacía el circuito de encendido de la luz de la puerta y cuando sus dedos presionaban el botón la puerta metálica tronó como si estuviera a punto de doblarse por la fuerza de afuera, a lo cual Miguel reaccionó dando un brinco hacia delante y tirándose al suelo como si fueran disparos o una bomba de la que intentaba protegerse, se golpeó la cabeza contra el suelo y casi queda inconciente y causándole que casi perdiera el control de sus miembros, estaba realmente aterrado.

 

Se retorció por unos segundos mientras abría y cerraba fuertemente los ojos para desviar el dolor, tardó un momento en recuperarse y en el mismo lugar en que había aterrizado posó su mejilla nuevamente y se dedico a ver.

Aun acariciaba el lugar del impacto en su cabeza, aunque ya no le prestaba mucha atención mientras veía bajo la puerta, en principio no vio nada y le pareció extraño no escuchar un nuevo golpe, ahora ya estaba preparado y no reaccionaría igual, el miedo estaba presente pero en un intento de recuperarse, un poquito de valor volvió a él, hoy ya estaba en su fortaleza, pero en un momento un par de zapatos aparecieron caminando hacia un lado no muy lejos de la puerta (al fin… se trata de alguien), y prestó la mayor atención buscando el sonido de la respiración del perseguidor, mas no escucho nada, debería de estar al menos un poco cansado, había corrido desde la luz hasta alcanzarlo pues no había escuchado que lo seguían sino unos hasta hace unos segundos (que parecían realmente muchos minutos) y aun así no se escuchaba nada.

 

Los zapatos, que eran de color café con correas color negro, pasaron una vez mas hacia la salida…

 

« ¿Quien es?…Ojalá que ya se vaya »

 

… y ya no aparecieron, Miguel no se movió de su lugar por unos minutos esperando que pasara de nuevo pero -muy aliviado- ya no pasó mas.

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