Serie I, Cap. III

Sonó el teléfono de madrugada, haciendo brincar a Susana para tomarlo y dirigir un improperio al aparato. Al escuchar la voz desconocida supo que al fin había ocurrido lo que tanto había esperado.

– Estoy aquí – dijo la voz seguida por el click al colgar.

Susana colgó el teléfono sin tener tiempo de hacer ninguna pregunta. La línea repetía el cacofonico sonido de ocupado  y su cuerpo temblaba entre una mezcla de emoción y miedo. ¿Qué se suponía que hiciera ahora? ¿Buscarlo? ¿Esperarlo? ¿Nada?

De las tres opciones la tercera le resultó mucho más práctica.

El resto de la madrugada no pudo conciliar el sueño y se entretuvo preparando sus atuendos para la noche siguiente. Vivía en un pequeño cuarto con apenas electricidad y definitivamente sin agua potable, que le proporcionaba únicamente lo básico, aunque no dejaba de tener un enorme closet de madera y un muy bonito televiso como fruto del sudor de su cuerpo, literalmente.

Al transcurrir  del día, mientras llegaba la hora de dirigirse al club nocturno donde trabajaba, estuvo intranquila y desesperada, nada parecía atraer su atención lo suficiente hasta que se rindió y decidió dormir un poco antes de salir, poniendo la alarma en su teléfono celular el cual sonó puntual y le permitió estar lista a la hora de siempre.

Revisó su bolsa asegurándose de no olvidar nada y se dirigió a la puerta, la cual al abrir se encontró con alguien que la esperaba. Al verlo dio un sobresalto inconciente pero esperado. Tras un segundo de pausa se lanzó a sus brazos y le dio un beso apasionado que el hombre no respondió provocando que ella diera un paso hacia atrás.

– No eres Él – le dijo con disgusto.

– Él te necesita — fue la respuesta fría que obtuvo del hombre.

El hombre giró y se dirigió al taxi sin decir nada mas y sin esperar que ella lo siguiera. El taxi estaba estacionado fuera de la vista de Susana quien un poco avergonzada lo siguió; el ya la estaba esperando con la puerta trasera abierta y notó que su mirada estaba perdida lo cual le causó que la espalda se le erizara y pensará que definitivamente había las cosas empezaban a parecer un poco diferentes a lo que ella esperaba. Él no estaba dentro.

El taxi emprendió su camino sin que ella diera una dirección y rápidamente sorteó el tráfico de manera normal mientras la tarde se convertía en noche. Al detenerse y apagar el motor estaban frente al club donde ella trabajaba. Se mantuvo sentaba un par de minutos esperando que algo ocurriera pero nada pasó hasta que al final decidió bajar del auto y entrar; el taxista no dijo nada y seguía hundido en sus pensamientos… o en los de alguien mas.

Se dirigió a la entrada y saludo al Gil que cuidaba la entrada y ya tenía listo el taco para cobrar a los clientes, le revisó la bolsa y la dejó pasar. Al franquear la puerta esperó nuevamente encontrarse con un rostro desconocido al cual saludar efusivamente pero no había nadie; decepcionada,  se dirigió a cambiarse para empezar la faena sin notar precisamente lo mas obvio, ahí no había nadie y ya era hora de que estuvieran algunas chicas pululando por ahí.

– Judith – escuchó tras ella mientras una mano la tomaba del brazo y la obligaba a voltearse.

Se encontró con el rostro de Franchesca, la gerente del local.

– Un amable señor te está esperando atrás – dijo en un tono confidente y mientras le guiñaba un ojo remató—ve y salúdalo. He mandado a las chicas fuera para darte privacidad y es tan lindo que no pude resistirme – agitando pedazos de papel en blanco como si fueran billetes.

El corazón de Susana dio un respingo y empezó a latir sin control. Esta vez tenía que ser Él.

Se giró y paso a paso se acerco al cuarto donde la esperaban, todo parecía ir mas lento y a pesar de no haberlo visto aun, ya sentía su presencia. Al entrar al cuarto, una inmensa ola de calor la rodeó  mientras lo descubrió  observando la oscuridad de la noche por un pequeño tragaluz que había en la pared; el deseo de abalanzarse sobre Él no apareció esta vez, parecía estar rodeado de una enorme burbuja que impedía que algo pudiera tocarlo. Era una sensación atemorizante.

– Necesito que hagas algo por mí – dijo con una voz impersonal y nada particular – hoy viene un joven y lo necesito.

Susana no respondió.

– Asegúrate de estar disponible para él y que se quede hasta tarde – dijo casi en un susurro mientras se giraba y clavaba sus ojos negros y profundos en los ojos claros y transparentes de Susana – yo vendré por ambos.

Susana sintió como una fuerza aplastante caía sobre ella mientras él se acercaba, se sentía indefensa y rígida, incluso sus pensamientos parecían haberse detenido.

– Lo haré – dijo haciendo una pausa –  pero como sabré quien es – logró articular no sin poco esfuerzo.

– Lo sabrás, yo me encargaré de que lo sepas – respondió Él posando las manos en la cabeza de Susana.

Lo que sintió Susana fue tan liberador, sentió como sus pensamientos giraban y flotaban sin control, como sus manos y piernas se relajaban, como su piel aumentaba de temperatura y su respiración se agitaba, como su sexo se humedecía y daba paso a un orgasmo descontrolado en tan solo unos segundos obligándola a caer al suelo casi inconsciente mientras Él se retiraba pasivamente. Al recuperarse por completo Él ya no estaba.

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